CARAS - Noventa años de Julio Werthein

La megafiesta de los noventa años de Julio
Werthein

Por Carlos Cervetto

La larga cola ocupaba toda la escalera de acceso al Salón
Libertador, y llegaba hasta la puerta del mismísimo Hotel Sheraton. Parecía el
ingreso a una sofisticada cita de gala, por la cantidad y el peso específico de
las personalidades convocadas. Si hasta los futbolistas del Fluminense, que
llegaban de reconocer el campo de juego de Arsenal, se sorprendieron por las
luces y el alboroto que había en el hall. Arriba, en el foyer de entrada al
salón, un hombre que cosechó tantos pergaminos como afectos esperaba a sus
invitados para saludarlos uno por uno. Julio Werthein (90), el patriarca de una
familia emblemática del empresariado argentino, cumplió noventa abriles el lunes
7. Una fecha que no pasó desapercibida para sus sobrinos, que le organizaron una
soberana megafiesta para 650 invitados.

Daniel, Adrián, Gerardo y Darío Werthein
convocan a Ud. a celebrar el cumpleaños noventa del tío Julio. Los esperamos en
el Hotel Sheraton de Buenos Aires, el lunes 7 de abril próximo, a partir de las
21:00. Vestimenta de gala, de rigor”. La participación de la velada ya daba la
pauta de su envergadura. Y el primero en llegar no podía ser otro que don Julio,
veinte minutos antes de lo indicado en la tarjeta. Lo siguió Bernardo
Neustadt
, un fanático de la puntualidad. Y después, durante cuarenta
minutos, una avalancha de nombres: la encuestadora Graciela Römer,
Adolfo Grobocopatel, el rabino Sergio Bergman
y su señora, Gabriela, Alejandro Macfarlanne, presidente de
Edenor, Ernesto Gutiérrez, titular de Aeropuertos Argentina 2000, Daniel
Scioli y Karina Rabolini
; Lily Sielecki; Erwin
Voss
(dueño de Pupilent Voss); la diputada María Laura
Leguizamón
; María Cristina Guzmán; Alejandro
Bulgheroni
y su mujer, Bettina; Enrique Llamas de
Madariaga
y Denise Pessana; Bruno
Quintana
, presidente del Jockey Club argentino, con su mujer,
Mariel Llorens; Mónica y Guido Parisier;
Daniel Hadad; Guadalupe Noble (hija de Roberto
Noble); Cristiano Rattazzi y Alicia Fernández;
Inés de Lafuente; Sofía Zámolo con su nuevo
novio, Jorge Brito junior (hijo del banquero); Carlos
Spadone
; Marina Dodero; Roberto
Alemann
; Ricardo Lorenzetti (titular de la Corte
Suprema), y varios embajadores. Entre los más afines al homenajeado, el de los
Estados Unidos, Anthony Wayne; el de Israel, Rafael
Eldad
; y el de la República Popular China, Zeng Gang.

Antes de ingresar, muchos dejaron su testimonio de lo que
significaba la fecha. Ernesto Gutiérrez admitió que para él es “un honor” ser
amigo de Julio. “Para todos los empresarios argentinos él es un norte,
invalorable por su cariño y experiencia. Recuerdo una anécdota en el edificio de
la OEA, en Washington, cuando se tropezó y rodó por lo menos treinta escalones.
Se levantó y me dijo: ‘Aquí no ha pasado nada’. Todo un símbolo de lo que es
él”. El gobernador bonaerense tampoco ahorró elogios: “Julio es una gran
personalidad, un emprendedor de la vida, trabajador incansable y gran
responsable de la inserción de la Argentina en el mundo. Vengo a su fiesta con
mucha emoción, siento respeto y admiración por su persona”. Su mujer, que llegó
veinte minutos más tarde con una sofisticada falda de Ralph Lauren, anticipó:
“Seguro organizó una flor de fiesta. Es un ser excepcional, muy querible”.
Locuaz con todo aquel que le hablara de la soja, Grobocopatel padre calificó al
homenajeado como “un triunfador, un ganador, un play boy”. Y Bergman también
remarcó los aportes de Werthein. “Es una institución, un precursor, un innovador
que siempre aportó al bien común de la sociedad argentina. Y un motivo de
orgullo para la comunidad judía”.

Regalos en mano o no (Julio pidió donaciones a instituciones
benéficas de la colectividad en lugar de obsequios), los invitados se
encontraron con la primera sorpresa cuando ingresaron al salón: la orquesta Big
Band, con 24 músicos que interpretaron clásicos del swing y del jazz. Para
cerrar ese primer capítulo, el anfitrión demostró que es un todo terreno: tomó
el micrófono y cantó un tema con letra y música de su autoría, “Este mensaje de
amor”. Acto seguido comenzó a sonar la música del discjockey de la fiesta,
Juan Pablo Amarante, quien recibió a don Julio con “Bailando en
el Alvear”, una canción que JW solía cantar con el padre de Donald. Clásicos de
las décadas sesenta, setenta y ochenta fue el menú del deejay, que tuvo mucho
eco entre los invitados. Karina Rabolini, Sofía Zámolo y Rattazi, con sus
parejas, fueron animadores permanentes de una pista ambientada con los colores
predominantes de la noche, azul y plata, más cincuenta bolas espejadas y arañas
antiguas que adornaban el techo del salón.

Mientras, el menú del Sheraton alegraba el estómago a todos. La
recepción fue en base a especialidades orientales, el primer plato fue trucha y
salmón ahumado, y el principal consistió de cordero patagónico con guarniciones.
Entre plato y plato, un sorbette de maracuyá. Además de agua y gaseosas, se
sirvieron vinos Riglos Gran Corte (tinto), Doña Paula (blanco), y champán Barón
B. De postre hubo sabrosas combinaciones de helados y mousses. Las sorpresas
musicales siguieron a la orden del día, porque entre el primer plato y el
principal se presentó el Quinteto Real con Horacio Salgán, Ubaldo de Lío y ocho
parejas de baile, un verdadero lujo para los amantes del tango.

Cuando el reloj marcó las doce, comenzó el gran operativo de la
torta. Emocionado, pero con ese espíritu imperturbable que desborda fortaleza,
don Julio se paró frente a una gigante brownie con mousse de chocolate y dulce
de leche cubierto con merengue italiano. Una asistente encendió, una por una,
las noventa velitas, hasta que los coreutas del Estudio Coral de Buenos Aires
entonaron el tradicional “Happy Birthday”. Ya habían pasado treinta minutos de
la medinoche y la fiesta llegaba a su momento culminante.

“¡Viva el soltero más codiciado de Buenos Aires!”, exclamó
alguien entre los invitados, y los primeros en saludar al cumpleañero fueron sus
tres sobrinos, Daniel, Adrián y Gerardo, y su sobrino nieto, Darío, hijo del
desaparecido Leo Werthein. Las felicitaciones se multiplicaron, y la cantidad de
gente que fue a saludarlo desafió la memoria de don Julio. “No recuerdo si faltó
alguien, lo único que sé es que estuvimos los que teníamos que estar. Tampoco sé
si me merecía semejante homenaje. La fiesta fue muy bien organizada, todo
salió perfecto. Y yo me sentí sensacionalmente querido”, señaló al día
siguiente, por la tarde, desde sus oficinas céntricas.

Hijo de un inmigrante rumano, Julio Werthein nació en Buenos
Aires el 7 de abril de 1918. Y su currículum como banquero y empresario habla de
su trayectoria. Entre otros logros, fue vicepresidente de la Fundación Banco
Mercantil, de la Cámara Argentina de Anunciantes, y de la Fundación Cultural
Suizo-Argentino, y presidente de la Asociación Ort-Escuelas Técnicas, la
Cá­ma­ra Ar­gen­ti­no-Chi­na de Comer­cio, In­dus­tria y Pro­duc­ción, el
Con­se­jo In­te­ra­me­ri­ca­no de Co­mer­cio y Producción, la Cá­ma­ra
Ar­gen­ti­na de Co­mer­cio pa­ra el Su­des­te Asiá­ti­co. Más aún, fue miembro
de la Sociedad Rural Argentina y del Museo Nacional de Bellas Artes, presidió al
Bolsa de Comercio de Buenos Aires, y desempeñó un papel clave en la formación y
el desarrollo del Mercosur. Entre los reconocimientos que recibió, fue
distinguido con la Medaille de Vermeil de la Ville de París, con el premio
Golden International Wizo, y en 1995 fue nombrado por la UNESCO Embajador de
Buena Voluntad.

Después de la torta, la fiesta ingresó en su cuarto menguante.
Y al retirarse los invitados recibieron el libro “90 abriles, Julio Werthein”.
Todo había salido de manera impecable, y don Julio se retiró a descansar con el
mejor de los regalos: tanto dar y brindarse durante nueve décadas vaya si
valieron la pena.