CARAS - El cumpleaños de 15 de Clara Darin

El cumpleaños de quince de Clara Darín 

Inolvidable y emotivo

La fecha ameritaba un festejo especial, con la impronta que la
homenajeada quiso darle. Celebrar los quince años con una gran fiesta, sí, pero
también imbuirle un carácter informal y desestructurado. Clara Darín (15), la
hija de Ricardo Darín (51) y Florencia Bas (42), planeó con la ayuda de su
familia un cumpleaños a su manera. Y el mejor regalo que se llevó, más allá de
la cantidad de obsequios materiales, fue que la mayoría de los doscientos
invitados disfrutaron de la velada hasta sus últimas consecuencias.
El
viernes 23, a partir de las 21:00, el Hotel Panamericano se comenzó a poblar de
adolescentes y muchas caras conocidas, que se entremezclaban con la incesante la
parva de turistas que entraban y salían. En el Gran Salón Panamericano y en Los
Jardines, donde se realizó la recepción, Juan Pablo Amarante y Javier
Olmedo
(el hijo del recordado Alberto Olmedo) ya tenían todo
organizado. Y mientras Clarita, vestida por A.Y. Not Dead y Ricky Sarkany, se
terminaba de peinarse con Joaquín Parson y de maquillarse con Mabby Autino, su
padre fue el primero en llegar junto con su hijo, Ricardito (20). Y entre los no
familiares, la primera en ingresar por la puerta de Carlos Pellegrini fue
Carolina Peleritti, seguida por la dupla Pedro Rozón-Vicky Schokron y una
veintena de chicas de la localidad de Lobos, todas compañeritas de colegio de
Marcos Giuliano (16), el novio de la cumpleañera.
“Clarita es como una
sobrina”, coincidían la mayoría de los amigos de Ricardo y Florencia que iban
llegando a la fiesta. Arturo Puig, por ejemplo, recordó que a Clarita la conoce
desde que nació. “A Ricardo lo conocí cuando tenía 11 años, así que imaginate.
Es una divina”, afirmó de la mano de Selva Alemán. Fernán Mirás fue más allá, a
tal punto que teatralizó sus declaraciones: “Clarita es hija mía. Y esta noche
se lo vamos a dar a conocer”. Mientras Carola Reyna argumentaba: “Los Darín son
muy divertidos”, el instructor de esquí, Ricky Djapic, también buceó en el
tiempo: “A Florencia le doy clases desde que tenía 16 años, y a Clarita desde
que nació”.
Adrián Suar llegó en su auto con Griselda Siciliani, Pablo
Codevilla y su mujer, Noelí, y fue de los pocos autorizados a estacionarlo él
mismo en la cochera y evitar la puerta de entrada. El resto no tuvo privilegios:
Martín Seefeld y su mujer, Valeria; Patricia Etchegoyen y su marido, Rodrigo;
“el Piojo” Andrés Ciro Martínez; Fenna della Maggiora y su novia, Ana
Livingston; Vando Villamil y Mercedes Solá, Andrea Pietra y Carlos Santamaría;
Germán Palacios y Marina Glezer, todos entremezclados con las perfumadas
compañeritas de la cumpleañera del Instituto Paideia.
A esa altura, la acción
ya transcurría en Los Jardines, ambientado en diferentes gamas de azul con
varios livings blancos decorados con velas y flores. En dos plasmas se proyectó
el backstage del book de firmas, y la música fue pura y exclusivamente de
Catarina Spinetta, quien ofreció su repertorio de hip hop y chill out. La
recepción gastronómica consistió en un variado deleite de canapés fríos y
calientes sobre una base de quesos, carnes, pescados y mariscos, más una
abundante estación de sushi y degustación de vinos “Sur de Los Andes”.

El ingreso al salón principal se pautó para las 23:00, y la
primera impresión fue de asombro ante la puesta en escena. La pista de baile
imitó a la de la disco neoyorquina Studio 54, con un dance floor interactivo de
súper leds que generaba movimiento de acuerdo con las pisadas de los invitados.
En el cielo, donde se montaron más de cincuenta bolas espejadas lideradas por
una gigante en forma de araña central, reflejaban millones de colores e
imágenes. La cabecera de Clara se elevó sobre una tarima y, a su pedido, los
centros de mesa de su cabecera y de las mesas de los chicos presentaron vidrios
circulares con variedad de golosinas. Las de los adultos, en cambio, lucieron
decoradas por rosas y gerberas multicolores, con excepción de la mesa del actor
y su familia, que sólo tuvo flores blancas. El número de mesa fue una miniatura
de la Mujer Maravilla con un montaje que mostraba a Clara personificando a la
heroína ochentosa.
Cuando todos se ubicaron en sus lugares, la fiesta
comenzó. Primero, con la proyección de un remake del video de Cindy Lauper,
“Girls just wanna have fun”, dirigido y producido por Flavio Silva, y en el que
Ricardo, Florencia, Clara y sus amigas fueron los protagonistas. Terminado el
video las chicas se lanzaron a la pista de baile, donde Juan Pablo Amarante
empezó con una tanda de temas ochentosos. Cerca de la medianoche el primer plato
no se hizo esperar: Un hojaldre de trucha y salmón ahumado, con mascarpone,
hierbas y langostinos macerados.
A las 23:55, bien puntual, se proyectó un
video sorpresa para Clara, en el que Andrés Ciro le dedicaba con la armónica el
hit “Tan solo”, luego transformado en el Feliz Cumpleaños. Ya era sábado 24,
fecha de su natalicio, y en el centro de la pista apareció la particular torta:
Una chocotorta gigante rectangular cubierta con merengue blanco, obra del
pastelero Germán Ayub. Clarita sopló las quince velitas ayudada por sus padres y
su hermano, “el Chino”. Enseguida fueron a felicitarla sus tres abuelos, Renée
Rojana (la madre de Darín), Mario y Marta Bas. Del núcleo familiar también
estuvieron los tíos de Clarita, Alejandra Darín (con su marido, Leo), y Diego
Bas, acompañado por su mujer, Albertina, y sus dos hijas, Violeta y
Delfina.
Los videos no resignaron protagonismo, ya que enseguida se vio una
parodia de cómo bailar regetón a cargo de la abuela materna de Clara y el resto
de la familia. El ritmo boricua contagió a los invitados que salieron a bailar
con típicos collares y brillantes sombreros. Después, para matizar el postre, un
Bavaroise de Chablis Sableé con moras y espuma de chocolate, se pasaron las
imágenes más emotivas: El álbum de fotos, con tema de fondo de Los Piojos, que
humedeció los ojos de Ricardo y Florencia. De la nostalgia se saltó al furioso
rock and roll que desató en la pista Anita Alvarez de Toledo, con altos picos de
euforia como cuando cantó en español, a dúo con Ciro, el tema “Ruta 66”.
Para
no perder el hilo conductor despojado de lo tradicional, no se bailó el vals ni
se sacaron las clásicas cintitas de la torta. Y la mesa de postres se la sirvió
en el salón de Los Jardines, ahora ambientado en rojo con una gran fondue de
chocolate en el centro. Allí irrumpió una percusión tribal del ensamble DJ Club,
y un flautista de Hamelin invitó a trasladarse de vuelta al renovado salón
principal, donde las mesas principales cedieron su lugar a los livings. Entonces
la velada se transformó en una gran fiesta rave, con mucho cotillón flúo y temas
simbólicos como “One more Time”. La gente no quería irse, y se entretuvo con el
racconto de mensajes que casi todos los invitados le dejaron a Clara. Pasaron
las piernas de ternera fileteada, el café con leche, y el chipá. Y en la pista,
como en las mejores películas, el final feliz que todos esperaban: Clarita
bailando con su novio, románticos, y sus padres imitándolos, muy cerca de
ellos.

 
Por Carlos Cervetto | Fotos: Fabián Atilio; J.
Romero/Perfil